1 ago. 2011

Alumbramiento

Siempre estuvieron allí. Ocultos. Influian en mi manera de pensar, en mi manera de obrar, sutil y silenciosamente, pero de una forma certera y definitiva. Alguna vez los supuse, pero ellos mismos se encargaron de que me hiciera el boludo y mire para otro lado. Saben muy bien cómo hacer lo que hacen, y llevan años haciéndolo.
Un día finalmente los vi. Fue de casualidad, y tal vez debería decir que más que verlos los supe. Ellos siguieron escondiéndose, siguieron negándose, pero ya era tarde. Ahora yo era consciente de su presencia.
Primero se me hizo evidente la aparición de un individuo bastante desagradable. Era gordo, muy gordo, y tenía aspecto de sucio y vago. Estaba todo el tiempo con una computadora jugando jueguitos o recorriendo redes sociales, y cada vez que podía se tomaba un trago de cualquier bebida alcohólica o directamente se fumaba un porro. Con frecuencia se masturbaba y después se echaba a dormir. Estaba tan confiado que jamás se dio cuenta de que yo lo había descubierto, y simplemente continuó adelante con su orgía de uno solo. A este lo llamé Baco.
Una vez que descubrí a Baco no tardé en suponer la existencia de los demás. La siguiente era una mujer. Sumamente femenina, jamás salía a la calle sin peinarse, maquillarse y elegir cuidadosamente su ropa. Era dulce y cariñosa con aquellos que le gustaban, así como fría y llena de rencor para con quienes no eran de su agrado. Le gustaban las comedias románticas y las cenas con velas en restaurantes caros. Era caliente y lujuriosa pero iba con recato, sin resultar mojigata ni explícita. Tenía un claro talento para manejar al sexo opuesto y siempre procuraba quedarse con la última palabra. Era decididamente seductora. A ella le puse el nombre de Denise. Creo que se dio cuenta de que la había visto.
El tercero me sorprendió. Era práctico y habilidoso, y experto en el arte de esconderse a la vista de todo el mundo. Tenía una gran capacidad para relacionarse con el resto de las personas y nunca descansaba hasta cumplir su objetivo. Era metódico y meticuloso, no realizaba ningún movimiento sin analizar las posibles consecuencias y siempre calculaba todas las variables necesarias para obtener el mejor resultado. Tenía serios problemas de convivencia con Baco y permanentemente sentía que aquel estaba interfiriendo sus planes. Lo llamé Alejandro.
Alejandro fue quién descubrió que los observaba.
El cuarto se presentó solo. Una vez que yo hube detectado las presencias de Baco, Denise y Alejandro él decidió que permanecer en la sombra ya no tenía sentido. Era sagaz y manipulador, no tenía reparos a la hora de usar a las personas y carecía por completo de escrúpulos. Era algo siniestro y bastante perverso. Alguien podría pensar que era malo, pero él no perdía el tiempo en banalidades como clasificar el bien y el mal.
-Está bien, cantaste piedra libre, ¿y ahora qué pensás hacer? -me preguntó.
-No me gusta que estén acá -le contesté-. Quiero que se vayan.
Él se rió.
-Me parece que no entendiste cómo son las cosas. Para empezar no somos tus enemigos. De hecho nos interesa que a vos te vaya bien. Hasta Baco te necesita, aunque no parezca. La mayoría de las veces intercedemos para tu beneficio. Cada uno de nosotros tiene sus propios intereses, y en líneas generales la obtención de cada uno de ellos está directamente relacionada con tu destino. En segundo lugar somos muchos más. Hasta ahora descubriste a cuatro, pero hay otros. Y en tercer lugar, nuestra relación es simbiótica. No podemos vivir sin vos, pero vos tampoco podés vivir sin nosotros. Si nos querés echar de acá tu vida se va a poner... difícil. Si aceptás convivir con nosotros no te digo que vaya a ser completamente fácil, pero vas a contar con herramientas que desconocías y no te vas a aburrir. La decisión es tuya. Vos elegís.
Ya pasó algún tiempo de aquello. Más adelante fueron dando la cara otros nuevos, mientras que algunos dejaban de verse. Hoy puedo decir que somos un equipo, pero tampoco resultó sencillo que llegáramos a trabajar de esa manera. Al menos pude alcanzar una relativa paz entre los inquilinos de mi cabeza y yo. Aunque claro, uno nunca puede confiar por completo en el buen criterio de ese tipo de personas.

2 comentarios:

  1. jejeje genial. Yo creo que se de donde salió la inspiración para esto. Viste que a veces hay disparadores inesperados! besos a todos...ustedes! jaja

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