17 ago. 2012

Doble o Nada (Final)

1ra, 2da, 3ra y 4ta parte

Hay noches en que reina la paz, que las enfermeras pasan una vez al hacer su recorrida y vuelven recién cuando llega la mañana. Hay otras sin embargo que pasan reiteradamente, que toman mis signos, escriben en  mi historia clínica y descansar resulta casi imposible.
Yo no se si fue el destino pero esta noche todo parece un desierto.
Ernesto bajó a buscar un café, me ofreció uno mientras mostraba sus dientes amarillos. Reconozco que me dio cierta gracia, una virtud que siempre tuvo fue reírse de las situaciones más desdichadas y ambos disfrutábamos del humor negro.
Podría recordar muchas anécdotas aunque últimamente los recuerdos transcurren como viejas diapositivas de épocas que fueron felices, en familia, con amor y proyectos de vida.
La realidad hoy se mueve al compás del latido de mi corazón que resuena más fuerte en esa máquina a la cual me tienen conectado. El tic tac de mi reloj interno hace de las horas interminables instantes.
Duermo de día, pienso de noche.
Hace días escuché decir a un médico que no era posible que me den de alta y me perturbó la idea de imaginarme más tiempo en este hospital, pero luego de enojarme con mi destino sentí que quizás fuera lo mejor. De otra manera debería volver a casa de mi madre, al cuarto de mi adolescencia con los fantasmas de mi niñez. Yo que siempre fui una mujer independiente, dispuesta a llevarme todo por delante, hoy no soy más que este cuerpo sin vida manejado mecánicamente por un corazón. Y para serles sincera no se si deseo esta vida.
Pero no fue solo eso lo que me perturbó, los médicos empezaron a notar que mis órganos ya no funcionaban como antes. Estaban preocupados y me preocupé, aunque suena lógico, vaya saber el tiempo que llevó en está cama, la gravedad de mis heridas, mi cerebro que parece que solo sirviera para pensar. ¿Mis órganos no funcionaban o yo no quería que funcione?
No se cuanto tiempo pasó hasta que regresó de su café, vino sonriente. Y sentí dolor y veneno. Por qué me pasaba esto. ¿Por que Ernesto estaba ahí esa noche?. Pensé en mi madre, ¿se merecía este destino? Se merecía apoyarse en el hombre que me había mandado a matar. Ese mismo que la  metió en esta historia hoy la abrazaba y la hacía sentir más fuerte.
Hace semanas que me aumentaron las dosis de medicamento, son para el dolor, aunque no siento dolor alguno y nunca lo sentí, estoy anestesiada al sufrimiento físico. Mi padecer va por dentro. Lo cierto es que las drogas me perturban, no distingo la realidad de la fantasía. Y repentinamente tengo la sensación que ha llegado mi hora, que llegó el momento de que todo se termina.
Ya he vivido mi vida, fui feliz, amé, me amaron y me crucé en el momento equivocado con el hombre equivocado.
Me jugué mis fichas a doble o nada y perdí.


Un fuerte sonido despertó a Ernesto de un semi letargo.El monitor cardíaco comenzó a indicar anomalías. Lo miró asombrado y entendió que estaba sufriendo un infarto. Esperó a su lado mientras observaba casi hipnotizado como cambiaba el pulso en la pantalla. Cuando la linea verde se encontraba casi plana se puso de pie caminó hacia afuera para llamar a un médico.
Mientras los doctores corrían intentando salvarla tomó su teléfono

- Hola, es mejor que venga para acá.

Ya era demasiado tarde, había llegado la hora, había ganado la partida.









1 comentario:

  1. Genial, en todo sentido.
    Fuerte el aplauso para vos, Laura. Me mantuviste con la intriga hasta el final, expectante por saber si Ernesto, finalmente, saldría derrotado por la Flaquita (a pesar del estaod en que se encontraba esta).
    Muy bueno, un gustazo haber leído "Doble o nada".
    ¡Saludos!

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