1 ago. 2009

CHARCOS Y ARCO IRIS

I

Usted me lo pregunta ahora y yo no se que responderle

II

pasó hace mucho tiempo


III

haciendo un esfuerzo podría decirle que fue un domingo

IV

o quizás un martes

V

se que llovía porque

VI

el ruido del agua en el techo de chapa lo tengo grabado a fuego en la memoria. Por eso me desperté temprano ese día, por el batifondo que hacía el agua en el techo. Me asomé a la ventana y me quede viendo como llovía. Chaparrón, chaparrón. El viento gime. El piso de tierra de la casilla está húmedo. En eso, veo venir a la camionetita de reparto de Don Eusebio, el panadero. Es la que usa para llevar el pan a los otros pueblitos de la zona. No me pareció raro verlo, porque el se raja temprano para que el pan y las facturitas lleguen calentitas, ¿vio? No hay nada más rico que el pan recién horneado. Tiene como otro sabor.
La cosa es que pensar en eso me dio hambre. Me puse el impermeable que me dio Doña Irma por cortarle el pastito del fondo encima del pijama, me calcé, y salí a la vereda haciéndole señas a la camionetita.
Don Eusebio paro y

VII

bajé la ventanilla.
-¿Qué anda haciendo a esas horas bajo el agua, hombre?- le pregunté.
-Buen día, Don Eusebio. Quisiera unas facturitas, si no es molestia.
-¿Usted ta’ loco, mi amigo? ¿Cómo quiere que le de facturas bajo esta lluvia?
El Rengo ni le contesto. Se le quedó mirando mientras el agua lo empapaba.
Tardé dos segundos en abrirle la puerta, puteando por lo bajo.
-¡Pero suba, hombre! ¡No se quede bajo la lluvia que se va a enfermar!
El Rengo subió y cerró la puerta.
-Una docenita, nomás. Media con dulce de leche y media de medialunas de grasa- me dijo una vez que se acomodo.
-¿Usted esta bien?
-Claro. Me despertó la lluvia. Hace ruido en el chaperio, ¿sabe? Y después lo vi pasar y me agarró hambre.
-Ah- le dije yo-, mire usted.
¿Y ahora que hago con este? No es de buen cristiano dejarlo bajo este aguacero. Se nota que le faltan un par de caramelos en el frasco, pero no tiene pinta de peligroso.
-Mire, mi amigo- me decidí- , hagamos lo siguiente: usted se viene con nosotros a hacer el reparto, y después le doy las facturitas y lo dejo en su casa, ¿quiere?
-¿Nosotros? ¿Qué nosotros?
-Mi pibe, el Seba. Esta atrás, torrando entre las canastas y las fuentes.
El Rengo giró la cabeza y miró por una ventanita corrediza que daba a la parte posterior de la camioneta. Ahí, entre las canastas repletas de pan y las fuentes de facturas, se veía a mi pibe durmiendo la mona.
Puse primera y arrancamos. El agua caía con fuerza sobre la camionetita. Los limpiaparabrisas no daban abasto. Iba casi colgado del volante tratando de ver entre la cortina de agua.
Llegué a la esquina.
De repente, de la nada, apareció una motito. El conductor venía cubierto con un nylon que le cubría la cabeza y le flameaba por la espalda como una capa.
Ni frenó.
Clavé las guampas hasta el fondo y la camioneta se me fue de costado. La motito pasó a escasos centímetros del guardabarros delantero. Pegué el volantazo para enderezar la camioneta. Mi acompañante apretaba las manos contra el salpicadero. De la parte trasera se oía a las canastas ir de un lado para el otro. Una de las fuentes cayó

VIII

sobre mi cabeza.
-¡Ay!- grité.
¿Qué pasa?
-¡Papá!
La camioneta se detuvo. Me levanté y golpeé la ventanita.
-¡Papá!
La ventanita se abrió.
-¿Estás bien?- me preguntó mi viejo.
-Si. ¿Qué paso?
-Una moto. Se me cruzó una moto.
-Apareció de golpe- dijo El Rengo.
Recién en ese momento veo al acompañante de mi viejo.
-¿Y este quién es?
-No sé.
-¿Cómo que no sabes? ¿Qué hace arriba de la camioneta papá?
-Estaba parado en medio de la lluvia. Me pidió facturas.
-¿Te pidió facturas?
-Si, le pedí una docena de facturas. Media con dulce de leche y media de medialunas de grasa- dijo El Rengo.
-¿Y vos quién sos?- le pregunté de muy mal modo.
-Horacio. Me llamo Horacio, pero me dicen El Rengo- sonrió tontamente como recordando un viejo chiste-. Me dicen El Rengo porque rengueo.
Lo miré a mi viejo. Él revoleó un poco los ojos.
-¿Y qué hace acá, papá?
-¡No lo iba a dejar mojándose!
-Las medialunas, de grasa. De manteca no me gustan- dijo El Rengo.
-Si, claro- dije-. Papá, ¿qué idea tenes para con este hombre?
-Pensaba llevarlo con nosotros al reparto. Y luego, al volver, preguntarle a alguien si lo conoce y sabe donde vive.
-Vivo en la casa con techo de chapa. La casa de al lado también tiene techo de chapa.
Lo volví a mirar a mi viejo.
-Vos no te preocupes- me dijo-. No pasa nada. Vamos, acá con el amigo Horacio...
-Ese soy yo. Horacio. El Rengo, me dicen.
-Claro. Vamos, acá con el amigo El Rengo, a hacer el reparto, y después él se lleva sus facturas y todos contentos. ¿No es cierto, Rengo?
-Media con dulce de leche y media de medialunas de grasa.
-Eso. ¿Qué te parece, hijo?
-Y bueh...- resoplé.
-Tratá de acomodar un poco ahí atrás, ¿queres?
-Tratá de ir más despacio, ¿queres?
-Si, hijo.
Le eché otra mirada al Rengo. Me sonrió. Le hice una mueca y me puse a acomodar el quilombo de atrás.
La chata arrancó.
Había facturas por el piso de la camioneta. Se habían caído de la fuente que me pegó en la cabeza. Me puse a juntarlas. No estaban tan mal. Solamente algunas medialunas

IX

de grasa son más ricas. Crujen- le contaba a Don Eusebio.
-Si, es verdad, pero las de manteca también son ricas. Son muy buenas para mojar en el mate cocido.
-No me gustan. Yo quiero de grasa. Crujen.
-El cliente siempre tiene la razón- dijo Don Eusebio, y me guiñó un ojo.
Le sonreí. Me gusta Don Eusebio.
El agua caía y caía.
-¿Anda la radio?- pregunté.
-No, está descompuesta.
-¿Está rota?
-Si.
Me puse a dibujar con el dedo en el vidrio. Esto de ser panadero es aburrido.
Llegamos al primer negocio donde Don Eusebio dejaba pan y facturas. Abrieron un portón y la camionetita se metió para adentro.
-¿Cómo anda, Don Eusebio? Feo tiempo para hacer el reparto, ¿no?- le dijo un señor flaquito con bigotes mientras le estrechaba la mano-. ¿Consiguió un pibe nuevo para que lo ayude?- preguntó al verme.
Bajé de la camioneta y me acerqué a ellos. El señor flaquito de bigotes me miró raro al verme con el pijama y el impermeable encima.
-Le presento a Horacio, Don Santos. Es nuestro especialista en medialunas- dijo Don Eusebio.
-De grasa. Crujen. De manteca no me gustan.
Don Santos rió.
-¡Y tiene razón, mi amigo!- dijo-. A mí tampoco me gustan las de manteca.
Ya no me mira raro. Eso es bueno. No me gusta cuando me miran raro.
Sebas y Don Eusebio bajan una canasta de pan. Tiene buen aroma. Dejan la canasta llena en un rincón y se llevan una vacía. Lo mismo hacen con la fuente de facturas.
-Nos vemos mañana, Don Santos. Que tenga un buen día- saluda Don Eusebio.
-Gracias. Un gusto conocerte, Horacio. Hasta mañana, Sebas.
-Hasta mañana- saluda Sebas.
-Hasta mañana- le digo yo.
Volvemos a la calle. Ya no llueve. Las nubes negras se van deshilachando, agujereadas por rayos de sol. En la calle hay charcos. Cuando pasa la camioneta por arriba, salpica. Eso me gusta, es divertido.
-Salpicá más- le pido a Don Eusebio.
Don Eusebio se rie y pasa por arriba de otro charco. El agua crea un abanico de color.
-¡Un arco iris! ¡Mire, Don Eusebio, un arco iris!
Don Eusebio sigue riendo y

X

agarro otro charco. Horacio mira fascinado el agua salpicar. La verdad, nunca me divertí tanto.
-¡Viejo, para de zarandear la camioneta, que se va ir todo a la mierda!- me pega el grito mi pibe.
-Guarda que habló el jefe- le digo a Horacio.
Fue automático. Nos miramos y lanzamos la carcajada.
Lo escucho putear a Sebas y eso me tienta más. No se que me pasa, pero no puedo dejar de reírme.
Estaciono en el negocio de María. Toco dos veces la bocina. Sebas baja de la camioneta y tira de la canasta de pan. María abre la puerta de la persiana metálica y sale. Es una mujer hermosa de cuarenta y tantos años.
-Buen día, Don Eusebio.
-Buen día, María.
-Dale, pa, ayudame- me dice Sebas. Tiene agarrada uno de los lados de la canasta. Tomo el otro y entramos al negocio.
-¿Se mojaron? ¿Quieren tomar algo caliente?- pregunta María.
-No, le agradezco.
-Mire que no es molestia, Don Eusebio. ¿Vos, Sebas?
-No, gracias.
-Yo si- se escucha a nuestras espaldas.
Por la puerta abierta vemos entrar a Horacio. Trae en sus manos una fuente con facturas.
-Cuidado con eso- dice Sebas, y se acerca para agarrar la fuente.
-Yo puedo- le dice Horacio.
Se acerca al mostrador y deja la fuente encima.
-María, te presento a Horacio.
-Mucho gusto, Horacio. ¿Qué le gustaría tomar? ¿Té, café?
-Mate cocido, señora María.
-¿Y usted, Don Eusebio? No lo va a dejar a Horacio desayunando solo.
-Está bien. Le acepto un café, entonces.
-¿Sebas?
-Gracias, pero no quiero nada. Papá, se hace tarde para el reparto.
-Cinco minutos no matan a nadie, Sebas. Aceptale, por favor, la invitación a María.
-Café, por favor- dijo Sebas al ver que era al pedo discutir.
María trajo tres cafés y el mate cocido. Nos acodamos en el mostrador, así nomás, de parados.
-¿Queres una factura, Horacio?- pregunto María.
-Media con dulce de leche y media de medialunas de grasa.
-Bueno, como no.
-No, María, dejá- le dije yo-. Después yo le doy, no te preocupes.
-No me molesta. Aparte, no va a tomar el mate cocido sin acompañarlo con una factura. ¿No es cierto, Horacio?
-Cierto.
-Dejá que le de, papá. Después se las reponemos. En la camioneta hay una fuente que sobra- dijo Sebas.
-¿Cómo que sobra?
-Siempre subo una de más, por las dudas. Viste que algunas veces piden una o dos docenitas más.
-Tenés razón.
Tomamos las infusiones sin apuro, conversando amablemente. El Rengo escuchaba, sonreía y asentía. Muy despacio, mojaba la medialuna de grasa en el mate cocido.
-Tené cuidado, Horacio- le dijo Sebas-. Se va a romper la medialuna y se te va a quedar adentro de la taza.
-Tengo cucharita- dijo Horacio levantando la mano y sacudiendo una cucharita plateada.
Todos rieron.
Sebas miraba a su padre. Se notaba que le gustaba María. Su madre hacia ya

XI

ocho años que había fallecido.
María le acariciaba dulcemente la mano a su padre.
-¿Vamos yendo, papá?
-Si, claro- y dirigiéndose a María-. Nos tenemos que ir. Muy rico el café.
-Gracias. Cuando gustes tomamos otro.
-No faltara oportunidad, seguramente.
-Eso espero.
-Se hace tarde, papá- le digo.
Salimos afuera.
Acomodo la canasta y la fuente vacías. Subo, cierro la puerta de atrás, y me siento en un rincón.
No estaría mal que papá salga con María. Ella también es viuda. Lamentablemente, su marido no murio por causas naturales. Hubo un robo y le dispararon. Papá ya es un hombre grande. Bueno, no tan grande. Cincuenta y algo, no me acuerdo bien. ¿Es malo no acordarse cuantos años tiene tu viejo? Lo que quiero decír, es que todavía puede comenzar una relación. El viejo se lo merece. Nunca me hizo faltar nada, me crió, me educó. ¿Quién soy yo para negarle una nueva vida, un nuevo amor? Y María me cae bien. Y creo que le gusta el viejo. Pero el viejo es medio caído del catre y no avanza. Capaz que no se lanza porque piensa que yo me voy a enojar. Voy a tener que hablar con el viejo. ¡Y encima, ahora apareció el trastornado este! Bueno, trastornado no es. Más bien inocentón. Pobre tipo. Ahí llegamos. A seguir laburando.

XII

Sacando la lluvia, el reparto fue tranquilo. Al terminar, pegamos la vuelta para casa. No podía dejar de pensar en Horacio. Le había preguntado si tenía familia y me dijo que no, que estaba solo. Al llegar al pueblo, Augusto, un vecino, me indicó donde vivía El Rengo. Lo llevé. Era una casilla de ladrillos desnudos y techo de chapa. Dentro había un catre maltrecho y nada más. Un pedazo de tela hacia las veces de puerta. Los vidrios de las ventanas habían sido sustituidos por bolsas de plástico agarradas con clavos. No había baño.
Algunas cosas no son justas en esta vida.

XIII

Ahora tengo una linda cama. Hay tejas en el techo. Eso es bueno. También es bueno Don Eusebio. Me llevó a vivir con él. Tengo una habitación arriba, cerca del baño. Ayudo en el negocio. Barro los pisos, acomodo las bolsas de harina. Algunas veces me deja ayudarlo con el pan. Es lindo sentir la masa entre los dedos. María viene seguido. Ahora es novia de Don Eusebio. María me hace mate cocido. María es buena, me gusta. Sebas algunas veces me pone cara mala, pero después se le pasa. Cuando tiene ganas, jugamos unos penales en el patio.
Usted me lo pregunta ahora y yo no se que responderle. Pasó hace mucho tiempo. Haciendo un esfuerzo podría decirle que fue un domingo, o quizás un martes. Se que llovía porque el ruido del agua en el techo de chapa lo tengo grabado a fuego en mi memoria. Fue la última vez que escuche ese sonido. Ahora tengo tejas. Ahora tengo a mi lado gente que me quiere. ¿Y saben lo mejor? Puedo comer todas las medialunas que quiera. De grasa. De manteca no, porque no me gustan.

44 comentarios:

  1. Hola a todos.
    Creamos este blog para juntarnos y hacer lo que más nos gusta: escribir.
    Pasen y lean, comenten, critiquen, alaben, juzguen, elogien.
    Bienvenidos a nuestro hogar.
    Bienvenidos al Círculo.

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  2. Nene, me gustó mucho, mucho, mucho. Sos bueno de verdad. Y ademas en los primeros trazos esta tu impronta, se nota que sos vos.
    Se disfruta leyendote, papá!
    jeje
    besote
    la glo

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  3. Precioso Don Checho!!! Una ternura sus personajes... Cómo a veces la presencia de un ser inocente refresca las relaciones. Lo bien que hace conectarse no sólo con la mente sino con el alma... Me encantó
    El relato fluye. Muy bueno lo de los cambios de narradores... Usted es un visionario Don Checho!
    Excelente comienzo!!!
    Cariños,
    Ceci

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  4. qué buen lugar! los felicito.
    checho: me encantó! un placer leerte. a esos personajes tan reales les das cierta magia encantadora. salutes!!!

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  5. Feliz estrenooooooo Adrián!!!
    Magistral el comienzo.
    Ahora, ¿tenés una obsesión con las medialunas vos?? jajaja
    Es muy original tu estilo, me encanta.

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  6. Glo: Muchas gracias. Un enorme placer verte por acá. ¡Y sos nuestra primera seguidora! ¡Grande la Glo!
    Muchos besos.


    Milky: ¿Le gustó? Tampoco un visionario. No creo haber sido el primero que se le ocurrio hacer una cosa así...¿o si?
    Besototes.


    Cla9: ¿Vió que lindo? Bastante cómodo el lugarcito este.
    Muy agradecido por sus palabras. Y la magia siempre esta, ¿vio? Sino, no podría escribir.
    Muchos besos.


    Lils: ¡Socia! ¡Ando nervioso! Gracias por lo de magistral, no es para tanto, pero se lo agradece.
    Y si, soy obsesivo con las medialunas. De grasa. De manteca no, porque no me gustan.
    Beshossss.

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  7. jajaja yo también! prefiero las de grasa,digo.
    No sé porqué anda niervudo, yo tendría que estarlo por estar metida en medio de semejantes talentosos. Y me acuerdo como si fuera hoy cuando el ex-Caín, ahora Howlin me dijo "che,negra, hay un tipo que me gusta mucho como escribe, fijate. Tiene un estilo desestructurado, desfachatado, me gusta para invitarlo al Club ¿lo invitamos?...y yo fui a leerte y dije ¡¡si!! me encanta. Y en ese momento nos convertimos en sus padrinos artísticos. :-) Así que espero (para esto era toda la cháchara) que cuando sea famoso y publique algo, se acuerde de mencionarnos aunque sea.
    Jaja
    Este cuento en epecial, creo que tiene una ternura muy particular.
    Besos!

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  8. ¡Nuuuuuu! ¿Ustedes son los famosos Padrinos Mágicos de la tele? ¡No te puedo creer! ¡Que lo parió!
    Besos a ambos.

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  9. Muy buen debut, pibe, enhorabuena, pero pusiste el listón muy alto. ¿Y yo qué hago ahora?
    ¿Viste qué fenómeno es la Glo? Ella siempre la primera,no sé de dónde saca tiempo.
    ¡Ah! a mí también me gusan más las de grasa.

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  10. Don Enrique: Muchisimas, pero muchisimas gracias.
    Y el listón tampoco está tan alto, che. Bueno, un poquito(ahora me hicieron agrandar).
    ¿Vió lo que es la Glo? Es el fantasma en la máquina. Uno postea algo y ahí está ella, es increible.
    Un abarazo bien grande, Don Enrique.

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  11. Adrián, cuantas veces en nuestras charlas de chat te dije medio molesto "¿nunca hablás en serio vos?" porque aunque tus escritos humorísticos son muy buenos a mí me gusta ver el alma del que escribe. Y este relato inaugural me ha brindado mucho más de lo que esperaba.

    Porque aquí escribe "Adrián", el que compartió un asado, unos mates, un guiso de lenteja conmigo, el que desayuna con tarta de ricota llenando de azucar impalpable el teclado, el que se pone a chatear en medio de una tormenta aunque sabe que se está por inundar.

    El hombre simple que ama las cosas sencillas de la vida, que ha luchado por ellas y que esconde tras su humor ligero una profundidad de sentimientos que se niegan a salir en una charla frente a frente pero que afloran en este relato intimista y romántico.

    Me ha fascinado tanto como la primera vez que leí a García Marquez porque sin recurrir a lenguaje florido has sabido expresar una gran gama de sentimientos, reforzado por imágenes, sonidos y colores.

    Si la calidad de los próximos escritos de este blog es la misma van a tener que pensar en editar un libro. Excelente. Y si alguien piensa que no estoy calificado para dar una opinión literaria no importa, para mí sos un gran escritor.

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  12. José Luis:

    Tranquilo, que después de Adrián vengo yo a poner las cosas en su sitio, bajando el nivel hasta menos diez, como en el chinchón.
    Igualmente, si pese a todo, después de leer lo que publique, te dirigieras a mí en los mismos términos, sólo te pediría una cosa. por favor, apagá la luz y llamame Marta.

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  13. ¿Y que puedo agregar yo a esto?
    Que sean felices y manden fotos de la noche de bodas.

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  14. hola checho
    me alegra visitar este blog y encontrarte aqui..como siempre un post divertido..
    saludos a vos y tus socios
    soy giust jaja

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  15. hola a todos ..los felicito por el blog
    y lei lo de checho y esta como siempre fenomenal
    un abrazo de giust

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  16. Don Giust: Un placer que haya llegado hasta aquí. La banda del Círculo le agradece sus palabras.
    Abarazos

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  17. Enrique, que se yó, prueba con mandarme unos jamones y algun tempranillo desde la Madre Patria como anticipo, ya que estoy seguro que sabrás escribir con la calidad que te caracteriza.

    Eso sí, manda bastante por que don-checho es un comilón! Porque ahí que seguro que vas a alabar las virtudes de tal ingesta... pero de mi comentario ni una palabra...

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  18. Pepeluí: Gracas por sus palabras. No te comas todo el jamoncito vos solo, no seas angurriento. Y el vino dejalo de lado que sabes que te cae mal y después terminas hablando boluces...como ahora.

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  19. Y recién ahora me doy cuenta que es Pepeluí...
    Hola Pepeluí!!! ¿vos cuál sos en la foto, el grande o el chiquito? ¡Qué belleza ese enanito!
    Cariños,
    Ceci
    PD: espero no defraudar cuando me toque a mí........ aaaaayyyyyyyy

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  20. Así es Cecilia, soy el mentado Pepeluí. El de la foto soy el de la izquierda un gran porcentaje, el otro también soy yo porque le he dado mi corazón a ese pequeñin. Ser padre después de los 40 ha sido una experiencia maravillosa.

    Espero ansioso tu publicación
    Saludos

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  21. Bueno,¿ya está? ¿Ya se presentaron? ¿Intercambiaron fotitos y toda la bola? Gracias.

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  22. Consideraciones varias:

    En primer lugar, felicitaciones. Sabés que cuando te pones serio me gustás más. Esta vez hasta tierno te me pusiste, picarón!

    En segundo lugar, perdón por la demora. Ando con muy poco tiempo para la compu, y encima hace dos semanas que no tenía interné.

    En tercer lugar, avísenme cuando me toca. Me sobran ganas de participar!

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  23. Por cierto, saludá de mi parte a la señorita Cora ;)

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  24. ¡Agarrensén de las manos! Creo que pronto me toca a mí, ¡alguien caritativo que me avise, porfa!, que la ansiedad me inunda y no sé nadar. Además, ya empecé a practicar la onicofagia pédica, porque las uñas de las manos ya me las morfé.

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  25. Cecilia, me falta ver alguna fotito tuya. Si el karateca de tu marido no es celoso mandame alguna así vamos conociendo los rostros.

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  26. Yo juraría que había dejado otro comentario agradeciendo la visita de Giust, pero no lo veo.
    Enrique, va comunicación interna,abra el mail.
    Besos

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  27. Caín: ¿En qué quedamos? ¿No se había muerto Caín? ¿Le hicieron un trasplante de huevos? Ma', que se yo.
    Me alegro que te haya gustado, y si las cuentas no me salen mal, te tocaría el domingo 16. Igualmente, consultá con la que te jedi.
    Ah, y le mando los saludos a la Cora, faltaba más.
    Abrazo.

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  28. Enrique: ¡Le toca hoy, hombre! ¡Vamos, publique de una vez que se hace tarde! ¡Suéltese el pie, asqueroso, y dele, escriba!

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  29. Pepeluí: ¿Te la queres levantar a la Milky, Gandalf?

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  30. Lils: No, acá no dejó nada. Se lo habrá olvidado en otro lado.
    Al Enrique le mandé mail, carta expreso, documento, certificada, y nada, ni noticias.

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  31. don-checho, para eso le pido la foto, para ver si pesa demasiado, no sea cosa termine herniado por pretender levantarla sin haber antes calculado lo que pesa...

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  32. El muertito sigue muertito, pasa que Blogspot no se había enterado....

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  33. A ver, Caín, Howlin, muertito o whoever...el blog carece de una presentación formal hasta que a Ud. se le ocurra escribirla, o sea, nadie se va a enterar que estamos en este nivel del infierno por mentirosos y fabuladores, hombre!

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  34. Así me gusta.
    (Uso el tono imperativo porque me encanta alimentar el mito urbano de la tirana Lils) jiji

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  35. yo ya me la imaginé cambiando ese atuendo estampado en tonos amarillos por un enterito de cuero negro...

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  36. Mido poco, peso poco, molesto mucho... como un moscardón.
    Y al primero que me quiera levantar en andas lo acomodo yo de un bollo (antes que mi marido, faltaba más!)
    Cordialmente,
    Ceci

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  37. Perdón por la demora, quise tomarme mi tiempo y leer tranquila, y me quedé colgada de los personajes, buenísimo don Checho, sinceramente buenísimo, creo que yo también hice el reparto con ellos, cariños
    anhir

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  38. anhir21: Bienvenida, mi estimada.
    Hace bien en tomerse el tiempo para leer, así debe hacerse. A un relato hay que saborearlo, ¿no le parece? Si me permite, le dejo la dire de mi blog. Ahí podrá leer otras cosas:

    http://lalamparadevaldemar.blogspot.com/

    Espero que lo disfrute.
    Besos.

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  39. Gracias don Checho, por la bienvenida y la dirección de su blog, ya mismo voy, seguro lo disfrutaré, besos

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  40. Adrián, ¿así estrenaste este blog? felicitaciones....
    Te cuento que mientras leía el relato, aun ahora mismo llueve... mucho.... osea que no me costo nada meterme en esa trama. es increíble lo frágiles de muchos de tus personajes y las relaciones entre ellos. Es evidente que tenes buena madera, sin eso seria imposible que pudieras percibir estas relaciones de los personajes tan fluida y claramente. Cada día encuentro en tus relatos cosas que no dejan de sorprenderme. Besos

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  41. Connie: Así es, con este relato comenzó El Octavo Círculo.
    Estoy muy contento de que le haya gustado. Yo sería tirando a madera balsa, creo.
    Besos.

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