29 oct. 2009

LA MUERTE DE HERMENEGILDO MENDÉZ

I

Hermenegildo Méndez era un laburante. Y por sobre todas las cosas, un buen hombre.
Tenía cincuenta y ocho años cuando no supimos más de él.

II

Al principio nadie se preocupo por su ausencia. Hermenegildo era de esfumarse por algún tiempo. Él llenaba el coche de mercadería y salía a la ruta, a recorrer pueblos.
Desde los veintidós años, cuando tuvo su primer coche, Hermenegildo atiborraba hasta las pelotas el auto y comenzaba su periplo por las rutas argentinas.
La mercadería era variada: desde vaqueros, remeras, ropa interior y medias, hasta sábanas, frazadas, delantales, repasadores y toallas.
Al llegar a los pueblos, Herme estacionaba el auto en el punto neurálgico: la plaza. Bajaba el tablón con los caballetes del porta equipajes, le ponía un mantel rojo encima, y acomodaba sus artículos sobre el rústico mostrador.
La gente se acercaba, curiosa. Herme parloteaba constantemente, ofreciendo su mercancía; estirando sábanas para comprobar su calidad; adulando a las damas mientras les ofrecía un conjunto atrevido de ropa interior.
Luego, cuando a Herme le agarraba hambre, juntaba sus cosas y se iba hasta alguna fonda a comer algo. Después se subía al coche y seguía su camino.


III

Herme era un solitario, viajaba solo. Muchas veces me ofrecí para acompañarlo, pero él se negaba muy cortésmente.
Había sacado el asiento trasero para hacer más espacio. Ahí, y en el baúl, llevaba la mayor parte de la mercadería. En el techo, sobre el porta equipaje, tapado con una lona, llevaba el tablón, los caballetes, el mantel rojo y algunas cajas que tenían repasadores y toallas.
El asiento del pasajero era exclusivo para el equipo de mate y algunos cassettes.
Herme era feliz con este estilo de vida. Nunca se había casado ni tenido hijos.
-Las mujeres y los hijos no son para mí- me dijo un día-. A mí me gusta la ruta, Danilo. A mí dame el auto con el tanque lleno, llenámelo de mercadería, poneme agua caliente en el termo, y soy el hombre más feliz del planeta, Danilo. ¿Sabés lo que es la ruta para mí? Libertad, Danilo. Yo no podría estar encerrado en una casa con una mujer que me rompa las bolas y chicos jodiéndome el santo día. Eso no es para mí, Danilo. Me podría haber casado con Marga, es verdad. Buena mina Marga. ¿Pero cuanto iba a durar? Y yo no soy tan hijo de puta como para cagarle la vida a nadie, che.
Eso me lo dijo a los treinta años, en mi segundo casamiento.

IV

La policía buscó infructuosamente a Herme. Desde el momento en que se hizo la denuncia por la desaparición, la línea de investigación siempre fue la de robo. Creían que Herme había sido marcado en alguno de los pueblos, lo habían seguido, seguramente lo obligaron a frenar, y lo robaron.
Ni el auto, ni el cuerpo, fueron jamás encontrados.
En el último pueblo donde fue visto, nadie noto nada raro. Como siempre, armó su mostradorcito, ofreció su mercadería, bromeó con la gente, luego fue a comer algo y se marchó. Ya era de noche. Todos se acordaban de los faros de su auto iluminando las veredas, y como Herme tocaba bocina y sacaba su brazo por la ventanilla, saludando.
Tuvieron que pasar veinte años más para que, finalmente, supiera que le había pasado a mi amigo.

V

Ese día estaba en mi casa, solo. Mi mujer había salido a ver a unas amigas.
Estaba en el patio, regando las plantas, hablándoles como hace ella. Todo venía bien, hasta que quise regar una de las macetas más alejadas. Me di cuenta que la manguera quedaba corta. Quise alargar el chorro poniendo mi dedo en la boca de la manguera para darle presión, pero no hubo caso: no llegaba.
Como soy medio obstinado, quise hacer boludeces. Es este caso, le pegué un tirón a la manguera, como si con eso lograra estirarla cual elástico. Conclusión: la manguera se salió de la canilla, esparciendo agua por todo el patio. A las puteadas me acerqué hasta la canilla para cerrarla. Fue en ese momento que me resbalé en las baldosas mojadas y caí con fuerza al piso. Mi cabeza pegó muy fuerte contra el suelo.
Me desmayé.

VI

Abrí los ojos y me asusté.
Estoy viajando. Delante mío veo una ruta que corre en medio de una vastedad de cielo y tierra.
Algo me pincha el culo. Meto la mano entre mi culo y el asiento y saco una bombilla.
-Ya que estás, hacete unos mates- me dice alguien.
Miro hacia la voz.
Sentado frente al volante, conduciendo con una mano mientras la otra descansa apoyando el codo sobre la ventanilla abierta, lo veo a Herme.

VII

-Dejá de mirarme así, que me vas a ojear- me dice después de un rato Herme.
Se lo ve bien, tranquilo. El viento que entra por la ventanilla abierta le despeina los cabellos.
-¿Qué pasó, Herme?
-Hacete unos mates y te cuento.
-¿Dónde tiro la yerba?
-Tirala por la ventanilla. Guarda que no se te vuele encima.
Bajo la ventanilla de mí lado. El viento zumba. Saco el mate y, ayudándome con la bombilla, lo vacío.
-¿El termo?
-Entre tus pies.
Comienzo a cebar. Tomo el primero y el segundo. El tercer mate se lo alcanzo a Herme. Herme agarra el volante con la mano que descansaba en la ventanilla y toma el mate con la otra.
-¿Y?- le pregunto.
-No seas ansioso, che- dice Herme mientras chupetea el mate.
-Estaba preocupado por vos. Te desapareciste.
Herme me mira.
-Disculpame, Danilo. No era mi intención.
Me alcanza el mate.
-¿Qué pasó, Herme?
-Me dormí.
-¿Qué?
-Que me dormí.

VIII

-Salí de aquel pueblo ya de noche. Antes había comido, y en la comida me tome un vino. Eso fue un error. Tendría que haberme quedado a dormir en el pueblo y salir al otro día, pero no quise esperar. De última, me dije, tiro el coche contra la banquina y me duermo un rato. Salí del pueblo tocando bocina y saludando a todos. Eso me tendría que haber puesto sobre aviso. Vos me conoces hace años y sabes que no soy dado a ese tipo de manifestaciones. Era el vino. Cuando llegué a la ruta puse un cassette. Julio Iglesias creo que era. Me puse a cantar. ¿Te imaginas a mí cantando?
La cosa es, que seguro que comencé a cerrar los ojos. Supongo que el auto empezó a ir de un lado a otro de la ruta y en una de esas mordió la banquina. Ahí me desperté. El auto se me estaba yendo de costado. No tuve mejor idea que clavar los frenos. ¿Te digo algo? Nunca pises el freno cuando el auto se te va de costado. Las ruedas se bloquearon y el auto dio una vuelta campana, y otra y otra y otra. Rebotaba contra el piso como si fuera una pelota de goma. Cuando se detuvo, quedo paradito sobre sus cuatro ruedas. Yo estaba agarrado al volante, todo duro. Miré por el espejo retrovisor y vi toda la mercadería esparcida por la ruta. Me bajé del coche y quede sorprendido. El auto estaba impecable. Te juro, Danilo, que no tenía ni un rasguño, ni un bollo. Lo único, estaba la tapa del baúl abierta. La cerré, y cerró perfecta; la abrí, y ningún problema. No entendía nada. Comencé a juntar las cosas desparramadas. El tablón se había partido. Igual lo puse sobre el porta equipaje y lo tapé con la lona. Me subí al auto y le di arranque. Arrancó lo más bien. Tuviste Suerte, Hermenegildo, me dije. Puse primera y me fui.

IX

-Empecé a dudar un poco cuando no pude encontrar ningún pueblo. Hice kilómetros y kilómetros y nada. Tampoco una estación de servicio. Me preocupaba quedarme sin nafta, pero el marcador estaba lleno. Es más: comencé a mirarlo cada vez más seguido y no bajaba. Aceleré y aceleré. El paisaje no cambiaba: todo ruta y campo. Pero campos raros, sin animales, sin pájaros, sin gente. Al final, me tuve que convencer que estaba muerto y este era mi cielo.
-¿Cómo que este es tu cielo? ¿Qué me estás diciendo, Herme?- le pregunté. Estaba muy asustado. Demasiado.
-¿Te acordas que un día te dije que yo era el hombre más feliz del mundo con un auto que tuviera el tanque lleno, repleto de mercadería, y agua caliente para el mate? ¿Te acordas o no te acordas?
-Sí, me acuerdo.
-Bueno, parece que el Barba se lo tomó al pie de la letra. Y aquí me tenes, viajando por estas rutas celestiales. De vez en cuando aparece algún perdido como vos y charlo un poquito.
-¿Vos me queres decir que yo también estoy muerto?
-No, todavía no. Todavía tenes posibilidades. Si alguien te encuentra y te dan los primeros auxilios, capaz que la zafás.
Sentí que los ojos se me llenaban de lágrimas.
-¡Pero yo no me quiero morir todavía!
-¿Y vos te crees que yo si quise morirme?
-¡Jodete por pelotudo! ¿Quién te manda salir a la ruta chupado? ¡Pero yo estaba regando unas plantas! ¿Cómo se puede morir uno por regar unas putas plantas, eh? ¡A ver, decime!
-¿Qué ganás enojándote? Aparte, te dije que lo tuyo no es firme todavía.
-¡Pero ya hace un montón que estoy acá con vos! ¡Seguro que ya me morí!
-No. El tiempo es distinto acá, creeme. Podes pensar que pasan años acá, pero son sólo segundos en la realidad.
-¿Es verdad eso?
-¡Y que se yo! ¡Lo habré leído en alguno de esos libros de los que volvieron de la muerte!
-Ah, encima te haces el gracioso. Claro, como vos ya estas muerto, que carajo te importa…
-Estoy tratando de levantarte el animo, boludo.
-Herme…
-¿Qué?
-Me siento raro.
-¿Qué sentís?
-Que algo me tira.
-No te resistas.
-Tengo miedo, Herme.
-No pasa nada. Estas volviendo.
-¿En serio me lo decís?
-Si. Zafaste, che. Haceme un favor: mandale saludos a los muchachos.
-Dale.
-Tomá, llevate un par de medias. Estas se venden poco.
-Gracias, Herme. Te voy a seguir extrañando.
-Si me extrañas, quedate.
-Ni en pedo.

X

Desperté arriba de una camilla en la salita del barrio. Julia estaba a mi lado.
-Hola- me dijo.
-Hola- le dije yo.
-Te golpeaste feo la cabeza.
-No me acuerdo.
-Cuando llegué a casa, salía agua por debajo de la puerta de calle. Cuando abrí, estabas tirado en el patio. Me dio miedo moverte, así que salí corriendo hasta la salita y volví con una ambulancia.
-Gracias- fue lo único que se me ocurrió decir.
-¿Qué te pasó?
- No me acuerdo. Estaba regando las plantas. Creo que me resbalé.
-Cuando te vi ahí tirado, pensé que habías tenido un ataque.
-¿Nos podemos ir a casa, Julia? No me gusta estar acá.
-Ahora viene el doctor.
-Bueno.
-¿Te puedo hacer una pregunta?
-¿Qué pasa?
-¿Por qué tenes un par de medias en la mano?
-¿Qué?
-Tenes un par de medias aferradas en la mano. No te las pudimos sacar. Tu mano parece una presa. El médico dice que es un reflejo inconsciente. Lo que no entiendo es que hacías regando con un par de medias en la mano.
Alzo mi mano. Efectivamente, sostengo un par de medias azules de vestir, envueltas en un celofán, con su etiqueta cerrando el paquete.
La miro a Julia.
-Ni idea- le miento.

22 comentarios:

  1. Hermoso relato. Fantástico el manejo de los diálogos. Para mi muy difíciles.
    Cariños desde mi valle.

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  2. Marita-ayosa: ¿Los diálogos se le ponen dificiles? ¡Pero, mi estimada, por una módica suma le puedo dar unas lecciones!

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  3. Coincido con Mari, tus diálogos son exquisitos.
    Besos!

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  4. jaja oiga don Exquisita, mañana hacemos el cambio de look y si quiere anunciar algo anuncie, y si no lo dejamos que fluya.
    Besitosssssssss

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  5. ¡Oiga, que lindo quedo esto! ¡Pipí cucú! ¿No se anima a pintarme las paredes de mi casa?

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  6. No, gracias! hacer esto me resulta mucho más fácil y agradable que pintar paredes.
    Oiga, le gusta como quedan los post cortados por el "leer más"?
    Creo que es mucho mejor, si quiere luego le enseño como se hace.

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  7. Dale. Como la mayoría de mis textos son kilométricos, eso me va a ayudar para no ocupar tanto espacio.

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  8. Bueno, es sencillo. Andá a editar entradas, editá alguna de las que están resumidas, fijate que hay una línea de puntos que divide el post en dos partes. Bueno, esa línea de puntos se pone donde querés cortar el post,y se hace con el último ícono de la derecha en el editor del post. Si no te sale no importa, yo lo hago.

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  9. hermoso relato adrián. definitivamente lo tuyo son los diálogos. y el realismo mágico, y los finales sorpresa, y,.. y...
    salutotes!!

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  10. Cla9: ¿Se le atragantó la "y"?
    Muchas gracias por sus palabras.

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  11. Leído en el laburo, a los santos gases, pero muy disfrutado, igual que lo del "nuevo". Excelente nivel, che. Voy de atrás p'alante, que nadie se chive. Ya llegaré al resto.
    Esto pinta.
    Abrazos.

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  12. Enrique: Me alegro que le haya gustado. ¿Se llevó la notebook al baño pa' leerlo? Digo, por lo de los santos gases...
    Esperamos con ansias su vuelta. No se tarde.
    Un abrazo grande

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  13. Muy lindo relato Adrián. Tiene la simpleza de las cosas bellas. No le sobra ni le falta una palabra. Un gusto leerte amigo. Realmente lindo che...

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  14. Walter: Le agradezco sus palabras. Uno hace lo que puede y aprendiendo constantemente de la gente que lo rodea.
    Un verdadero gustazo tenerlo entre nosotros.
    Abrazo grande para usted.

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  15. A veces, la simple realidad, que por sencilla olvidamos, nos atrapa. Eso ocurre con sus bonitos diálogos: intrancesdentes pero auténticos, reales o mágicos según perpectivas lectoras y tan didácticos... Nunca debiéramos perderlos; así que, ya sabe: a escribir sin cansarse. Gracias por hacernos pasar tan buenos ratos.

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  16. Ángeles: Yo no me canso de escribir. Tengo parva de cuadernos "Gloria" con cuentos y otras cosas.
    Y la verdad, escribo para eso:para que pasen un momento agradable.
    Muchos besos.

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  17. Nada, me preocupaba porque Ceci dijo que no podía comentar acá y por eso estaba probando. Está todo bien, cualquier cosa avisen.

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  18. SSSKKKKKKKKKSS, CAMBIO Y FUERA, SSSKKKKKSSS

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  19. QSL
    Don checho, le había escrito un comentario fenomenal y de pronto... me se desconectó la interné, lo parió, bueno, le preguntaba si acá se podía decir que algo "me cagó de gusto", porque ya me cansaba (y no alcanza tampoco) el "me ancantó", y como soy campechana le digo, su relato me cagó de gusto!, mi alma pueblerina le agradece los recuerdos que ha generado su escrito, si no entiende no tema, ya le contaré en alguna oportunidad, besos

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  20. Anhir21: ¡Y claro que puede! ¡Caguémonos de gusto todos!
    Espero ansioso que me cuente.
    Besosotes.

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