5 oct. 2009

SEGUNDA MIRADA capítulo 2 de 3



I

La forma en que se conocen algunas veces las personas es extraña. Hay algo como de destino ya escrito.
A tu madre la vi por primera vez en la playa, tomando sol.
Estuve dándole vueltas por al lado mil quinientas veces, sin atreverme a hablarle. Estaba seguro de que si pudiera flotar y ver todo desde arriba, habría visto el círculo de mis pisadas en la arena, rodeándola.
Al final, me detuve frente a ella, todavía sin hablarle, pero algo es algo.
E increíblemente, ella abrió los ojos y me habló.
Me dijo:


II

-El sol.
-¿Qué?
-Me tapas el sol.
-Ah, perdón.
-¿Y?
-¿Qué?
-¿Te vas a correr?
-Ah, si.
Me acuclille a su lado.
Al principio siguió tomando sol, ignorándome tranquilamente, pero al final abrió otra vez los ojos y se apoyó en sus codos.
-¿Te vas a quedar ahí?
-Si no te molesta...
-Claro que me molesta.
-Perdón.
-Pero no veo que te vayas.
-¿Hace calor, no?
-¿No se te ocurre decir otra cosa?
-No.
-Por lo menos sos sincero.
-¿Te puedo invitar una gaseosa?
-No, gracias.
-¿Puedo quedarme a charlar?
-¿Vas a seguir hablando del tiempo?
-No. Te puedo hablar de mar.
-No eres de hablar con muchas chicas, ¿no es cierto?
-Mas o menos.
-Las debes volver locas con tus conversaciones.
-No sabría decirte. Esta es la conversación más larga que he tenido con una chica hasta ahora.
-¿En serio?
-Si.
-Te voy a aceptar esa gaseosa, pero con una condición.
-Claro.
-No hables, solo escucha.
-Voy por la gaseosa.
Y tu madre habló y habló y nunca me canse de oír su voz.


III

La boda, dos años después, se realizó con dos amigos que nos salieron de testigos. Nos fuimos a vivir a un departamento de un ambiente, con una enorme mancha de humedad en la habitación. Después de hacer el amor, nos entreteníamos buscándoles formas a esa mancha. Tu madre tenía una imaginación increíble. No teníamos televisión. Nuestro único divertimiento era la mancha de humedad. Fue una época difícil, pero la que más presente tengo en mi memoria, porque nunca me divertí tanto como con tu madre y esa mancha de humedad. Comíamos mal, hacíamos mucho el amor, salíamos a caminar, y todo estaba bien.

IV
Pasó el tiempo.
Sin pasar muchas penurias, pudimos ahorrar unos pesos. Unos amigos generosos nos prestaron el resto y pudimos abrir un local de ropa de hombres.
Tu madre siempre tuvo buen gusto para elegir ropa.
Nos fue muy bien.
Nos mudamos a una casa que tenía un hermoso patio embaldosado, con un viejo aljibe en el medio, que en verano se techaba con una hermosa vid de hojas grandes y rebosantes racimos de uvas. El aljibe estaba seco, pero todavía conservaba su roldana con la soga y un tacho de metal que descansaba en el fondo.
Pasamos nuestra primera noche en la nueva casa durmiendo en ese patio. La luz de la luna se filtraba entre las hojas de la parra, creando un calidoscopio de sombras sobre nosotros. Recuerdo que estábamos bañados en repelente para los mosquitos.
Esa noche fue especial.
Esa noche te procreamos a ti.

V

Aquellos nueve meses nos tuvo a ambos expectantes, ansiosos, angustiados, con muchos miedos y con una alegría que nos colmaba desde el centro de nuestro ser.
A tu madre le encantaban las flores. Había llenado de macetas el patio y se pasaba horas allí, podándolas, sacándole los yuyos, hablándoles. Sintió las contracciones y supo que estabas viniendo. Me llamó al trabajo y salí volando para casa. La subí al auto y fuimos al hospital. La pusieron en una silla de ruedas y la llevaron por el pasillo. Yo caminaba al lado de ella. Me apretaba la mano. Cruzamos unas puertas y la enfermera me detuvo. Me quede viéndola irse. Ella giró su cabeza y me miró. Yo le tiré un beso. Y la puerta se cerró.

VI

Buscarle respuestas a las cosas malas es algo inútil. Algunos lo aprenden de la peor forma. Yo lo aprendí así.
Una mala posición de la beba, el cordón umbilical enrollado en su cuello.
Todas cosas que pasan, nada más.
No hay culpables, sólo una victima.

VII

El médico se retiró de la habitación. Aunque no debería, lo compadezco. ¿Cuántas veces tendrá que acercarse a los familiares y dar tales noticias?
Tu madre llora abrazada a mí. Quiere saber por que, quiere respuestas, y yo no puedo dárselas. No las tengo ni para mí.
En eso, entró la enfermera.
Nos dio el pésame.
Y habló.
Al principio quede estupefacto, no podía creer lo que oía, pero después todo pareció cerrar mágicamente, cada engranaje en su sitio.
Fernanda no iba a morir.
Fernanda solo había tenido...un lapsus.

VIII

Salimos de ese hospital contigo en brazos. Nadie nos detuvo, nadie preguntó nada. Éramos otra pareja feliz llevando a la beba más hermosa del mundo.


ESTA HISTORIA CONTINUARÁ.

8 comentarios:

  1. un lapsus???? me pa que no lleva ese nombre eso... veremos en el 3..
    suspenso total!

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  2. Y????????
    Oiga Chechus, usté anda leyendo mucho gallego me pa.
    Besos!

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  3. Cla9: Me pa que no.
    En el próximo capítulo, el final.

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  4. Lils: Espere, che!!!!!!!!!
    ¿Le pa? No, no creo.

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  5. Ayyyyyyy don Checho!!! esto de mandar las cosas en cuotas me mataaaaaaaaaaaa, falta mucho para el final????, besos
    anhir

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  6. En la vida humana de Fernanda, juega, el destino, un gran papel: encuento playero de sus padres; los comienzos desde la pobreza a la prosperidad; la llegada accidentada de la pequeña. Se parece a cualquier historia, incluyendo la incognita.
    Lo posible, la incoherencia, los opuestos... Caben en cualquier relato. La intriga no es más casual que la vida. Hoy se plantea algo y mañana hacemos lo contrario. ¿Es imprópia e inadecuada tal actitud? No, solo nos recreamos y crecemos. A tenerlo en cuenta.

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  7. Anhir21: No se me ponga loca. Son tres capítulos.

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