16 nov. 2009

El Señor Antonio

No voy a mencionar el apellido del señor Antonio porque vive aún, y probablemente lo siga haciendo durante algún tiempo más. Está algo malherido y un poco solo, pero saldrá adelante, como otras veces.

Los padres del señor Antonio se llamaban Andrés y Gloria. A ellos sí se los puede nombrar porque ya han muerto hace tiempo (el señor Antonio no es un crío, hace tiempo que rebasó la cincuentena) No eran precisamente una pareja modélica, pero tampoco se llevaban demasiado mal.

Él era bastante gritón y testarudo, pero jamás hizo siquiera ademán de levantarle la mano a su mujer, aunque probablemente alguna vez no le hayan faltado ganas. Tampoco insultaba a nadie, ni decía cosas que pudieran ser humillantes. Le costaba algo pedir perdón cuando su cabezonería le permitía ver que se había equivocado, pero lo hacía finalmente. Parecía un hombre común, un trabajador como tantos, que se reunía con sus amigos de vez en cuando, que llevaba a su mujer y a sus hijos (tenían dos, varones ambos) al cine o a cenar, o al parque de atracciones que pasaba por la ciudad una vez al año y era un acontecimiento. Muchas veces sonreía y parecía moderadamente feliz. No era un hombre virtuoso, pero el señor Antonio todavía recuerda el comentario que le hiciera hace muchos años un compañero de su padre: “la mayor virtud que tiene tu viejo son sus huevos, nene, aprendé de él”.


Gloria era muy distinta, aunque igual de testaruda que su marido. Tenía una soberbia enorme que la llevaba no sólo a no admitir jamás un error, sino a convertirse en juez y verdugo de los que la rodeaban. Tenía una lengua ágil y filosa como un alfanje, capaz de despedazar a cualquiera en escasos segundos. Gloria tenía una extraña facilidad para enrostrar a cada uno sus propias miserias que ejercía sin la menor compasión y, por supuesto, sin admitir la menor injerencia de los demás en su propia vida, no sólo en asuntos íntimos, sino también en cosas nimias, como que alguien le sugiriese que haría bien en dejar de fumar (lo hacía desde su segundo embarazo y lo haría hasta el final, cuando un sarcoma fulminante le ganó la carrera al enfisema) Ella opinaba de sí misma que era una persona ecuánime, pero lo cierto es que, poco a poco, se fue quedando sin amigas, la familia fue dejando de llamarla para saber cómo estaba y su marido, cansado de buscar la manera de contentarla, aprendió a ser feliz llevándola como lastre. Sus hijos también se cansaron de ella, aunque siguieron visitándola y llamándola cada tanto, a sabiendas de que en cada ocasión deberían pasar un mal trago.

El señor Antonio creyó durante algunos años que su madre era un caso único, hasta que conoció a otras dos muy parecidas, con la diferencia que éstas habían tenido hijas mujeres. Viendo los resultados de la influencia de semejantes madres en sus hijas no pudo menos que alegrarse de haber nacido varón. Las dos mujeres habían sufrido a sendas madres nefastas y tenían graves problemas, sobre todo en el plano sentimental.

De una de ellas no volvió a saber nada durante años, hasta que hace cosa de un año un amigo común dijo que la vio muy guapa. La madre había muerto ya.

De la otra, se sabe que está en la encrucijada, que está sola por elección propia y que hay alguien que la espera con los brazos abiertos, que debe decidir qué deja en el camino: si la dignidad, el miedo o la soberbia, que está a tiempo de ser feliz (si quiere y está dispuesta a jugársela por serlo, si se anima a dejar de mentirse a sí misma, a aceptar la ayuda que le ofrecen o a pedirla), que también puede ser como su madre.

Hace unos treinta años, el señor Antonio era un jovencito inseguro de sí mismo, lleno de miedos y traumas de adolescente, disconforme con su cuerpo (le sobraban un par de kilos), con sus gafas, con su cara de niño. Había empezado dos carreras con escasa o nula vocación, había intentado algunas parejas sin suerte y no sabía qué hacer con su vida.

Un día, mirando las viejas fotografías de la familia le ocurrió algo sorprendente. En la bolsa había dos imágenes que nunca antes había visto o que, al menos, no recordaba. En ambas fotos aparecía la misma persona, un hombre, aunque distinto en cada una. Instantáneamente supo que ese hombre era él mismo, sólo que con treinta años más.

En una de ellas se vio parecido a su padre, no físicamente (así era su hermano) pero sí en la actitud. Dos cosas le llamaron la atención del hombre de la foto; por un lado la sonrisa, que indicaba que ese señor, al menos en ese momento, era inmensamente feliz; por otro lado, la mirada del hombre (estaba seguro) delataba le presencia tras la cámara de una mujer a la que aquel sujeto amaba. Sin duda, esa mujer era la causa de aquella felicidad. Aunque la foto era diáfana, no pudo reconocer el escenario, ni el porqué de dos muletas apoyadas en el sillón ni de las sandalias que lucía el hombre, que no concordaban con una cazadora corta de mangas. Se vio bastante guapo.

En la otra, en cambio, se vio más parecido a su madre (también en la actitud más que en lo físico). Estaba más canoso, más gordo y más ajado, parecía también desaliñado, ¿sucio?. Sobre la mesa había una botella de vino, una caja de insulina y otra de polvorones medio vacía (sería Navidad). Aunque la foto estaba tomada con flash, en la penumbra, seguramente con disparador automático, el escenario era fácilmente reconocible: era la cocina de la casa de su madre, aquella misma que su padre no llegó a estrenar. No parecía haber nadie en aquella estancia. El hombre no sonreía y sus gafas trataban de ocultar una mirada turbia.

El señor Antonio guardó ambas fotos para siempre en la bolsa, recordó sin saber por qué el comentario que le hiciera aquel amigo de su padre sobre tener cojones y entonces eligió.

25 comentarios:

  1. El futuro del Antonio en imágenes es bastante complicado. A mí no me gustaría para nada verme treinta años adelantado. Hay cosas que mejor no saber. Te pueden llevar a tomar las decisiones equivocadas...

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  2. Ay.
    Enrique, tus escritos tienen el poder de tocar una cuerda emotiva muy profunda dentro de mí.
    Me quedé absorta, emocionada, casi lagrimeante ante la pantalla. Y lo más llamativo es que no se porqué. O si.
    No se, me dejaste así.
    O es que hoy estoy muy sensible.
    Besos

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  3. A mí tampoco me gustaría, pero la idea de jugar con el tiempo me gusta y tengo algún relato escrito en ese sentido, además de la idea para otro en la cabeza desde hace tiempo.
    Sobre las decisiones, tal vez sea cierto lo que decís, pero sin saber lo que pasará en el futuro solemos equivocarnos bastante.
    Gracias por venir. Un abrazo.

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  4. Lils:
    Será que estás muy sensible, nomás, pero igual gracias por tus palabras.
    Un besazo.

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  5. No, Henry, lo que pasa es que esa cuerda sensible y profunda está bastante oculta en mi, no es fácil encontrarla. Es como el punto G del alma, que no se sabe muy bien donde queda.
    En fin, esto parece una conversación de otro tipo, pero no, estamos hablando de lo hondo que me llegó este escrito. :-)

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  6. ¿Que te puedo decir Enrique? maravilloso tu escrito,perfecto,impecable,sin un punto ni una coma demás,te diría que es lo yo quisiera escribir algún dia y me quedaría conforme(esta maldita manera de andar buscándome...)
    El juego de los personajes me dejó fascinada,me encanta eso de ir y venir en el tiempo.
    Gracias por permitir leerte.
    Te dejo el abrazo cordial de siempre.

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  7. Lils:

    Está perfectamente claro de lo que hablamos.
    Un beso.

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  8. Mónica:

    Muchas gracias, como siempre. Gracias a vos por venir a leerme, a mí y a mis compañeros, pero no subestimes tu calidad poética, que yo, por otra parte, no tengo.
    Un beso.

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  9. Si supiéramos predecirnos... si cómo cuenta ¡nos viéramos!! tampoco cabría espantarse. Somos limitados, grandes y más que importantes. Gracias por su sencillo, bonito y cautivador relato. Ángeles

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  10. Amigo Enrique, jugamos en la misma liga, a mi tambien me fascina jugar con el tiempo. De eso se trata basicamente la mayoría de mis cuentos. Un relato muy bien logrado, que atrapa desde el comienzo. El tema de la toma erronea de decisiones en los momentos cumbres de nuestras vidas es un tema interesantísimo.
    Un abrazo

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  11. si, me atrapó desde el principio. el relato tiene una justeza y una sobriedad, que hipnotizan. y el tema de ver las historias en el tiempo, husmeando causas, efectos y decisiones es vertiginoso. salutes don enrique!

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  12. De nada, Angeles, gracias a ti por tu fidelidad. Un beso

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  13. Gracias a vos también, Walter. El del tiempo es un tema fascinante. A mí me hubiera gustado viajar en la máquina del tiempo, pero me temo que no va a poder ser.
    Un abrazo.

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  14. Cla9:
    Muchas gracias por pasar por aquí y por dejar tan lindo comentario.
    Hay un relato en mi blog personal en el que también juego con el tiempo, contando la historia de adelante hacia a atrás, a partir del cadáver de su protagonista. La invito a leerlo.
    Un beso.

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  15. mi siquis no me da .para comentarte
    nunca tuve dudas,me tire por los riscos del amor sea pato o gallareta .ninguna mujer me engaño.
    (me decia por quien me dejaba )
    siempre encontre buenos amigos , que codicianan comer poyito deshuesado .
    asi que me esmeraba y nada de modelos tapa de revistas . lo julerito del barrio.

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  16. No creo que sea una fantasía. El juego de los tiempos viene de la propia realidad. Los deja vú son recuerdos certeros, la verdad como la intuían los positivistas es destruída día a día por los aconteceres.
    Y ese "guardó para siempre las fotos" pinta a las claras lo que hacemos habitualmente para rechazar los encuentros con ese conocimiento. Como sabés, hay algunos films de los 80 (el popular "Back to the Future" de Zemeckis y un film maldito de Coppola "Peggy Sue got married") que meten el dedo en la llaga del tema de lo curioso del suceder ayer y hoy en el tiempo. Aunque hablemos con supuesta propiedad del tiempo, es de lo que menos sabemos.
    Excelente relato. Un abrazo.

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  17. Quiquín, como verás llegué con retraso, esto del tiempo es todo un tema, bueno, hace rato que no paso por aquí y justamente es por un problema de tiempo y vos sabés a qué me refiero, no voy a decirte nada pues en los comentarios hechos ya te han dicho todo, es bueno volver a leerte luego de tanto tiempo de sequía, besos inmensos, tu fiel seguidora

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  18. cachu:

    Aunque no te de la siquis, siempre me hacés reir, no sé cómo te arreglás. Un abrazo y gracias por pasar.

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  19. Carly:

    Es como vos decís. Al fin y al cabo el tiempo es como Dios, una convención que ha inventado el hombre para dar sentido a lo que no puede explicar, en este caso, los cambios sucesivos que percibimos constantemente y que atribuimos, de forma genérica, al "paso del tiempo".
    Muchas gracias por venir y comentar.
    Un abrazo.

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  20. Jánir:
    No has llegado tarde, esto tiene sólo un par de días de vida. Igual, no hace falta que me digas nada. Espero que estés bien, que todo vaya como tiene que ir.
    Un beso muy grande

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  21. ¿Y por que este relato tan fantástica ,tiene que estar en un blog al que accedemos muy pocas personas y las "pijadas" que escribe el EUROCUENTISTA ANTONIO MASIP ,salen en un periodico de difusión nacional? si alguien me da una respuesta convincente , lo condecoro , por mi santa madre . La mejor sidra la de NAVA

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  22. Hola Harpic,lleguè tarde, no me importa, esperè para poder disfrutar de esta lectura como si fuera un caramelo, ya que siempre ando corriendo.
    Mi hijo, en un congreso de sistemas, tuvo la oportunidad de ver tv 3D, claro con luces especialesy otras cosas....digo esto, por que si esto es posible,quièn te dice que no podamos ver fotos del mañana muy pronto.
    Monikuma

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  23. Yo le tengo un poco de miedo a las transmisiones de tv, emails y demás con olor, independientemente del tiempo. Hay cada olla podrida por ahí...
    La foto del mañana, si es que llega, en mi caso es bastante previsible: un viejo choto.
    Besos, belleza.

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  24. jajajajajaja!!!! me río de tu último comentario. Ya te encontré alguna vez compartiendo el facebook de Juan Manuel. La verdad que no soy una experta en nada, pero tus escritos atrapan...dan ganas de seguir leyendo y eso parece ser muy buen síntoma. ¿Quién quiere mirarse ahora con la imagen de 30 años más??? En forma literal...nadie. Pero lo cierto es que, aunque reneguemos de ello, somos producto de nuestros padres y muchas veces, en forma inconciente, los repetimos

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  25. Mané:
    Gracias por pasar. Con treinta años más, lo que tendré será cara de fiambre, aunque (tonto consuelo) la cosa no cambiará mucho. Ahora mismo tengo cara de salame. Un beso.

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