13 ago 2010

Una noche diferente. Dalí, Los redondos y yo.

 
 
Salvador Dalí, El Paraíso Terrenal Purgatorio. Acuarela.
I
El tipo - ¿Cómo era que se llamaba? Emanuel creo que me dijo - me agarra de los pelos y me obliga a mirarme en el espejo del botiquín.
- Mirate a los ojos cuando acabes- me dice- es alucinante.
Yo trato y me concentro, pero lo único que se me ocurre es desear que el hijo de puta de Mateo me vea en este momento.
Me gustaría filmar esto y mandárselo pero ¿a donde? Vaya a saber donde está el turro con su putita joven. Seguramente en alguna playa brasilera barata, la guita no te quita lo grasa, al contrario, te lo acentúa. Seguís siendo un grasa bien vestido en una playa barata con una putita mal teñida, mi amor, mientras yo estoy gozando con un tipo que ni conozco que me agarra de la cintura y me penetra haciendo chocar mi pelvis contra el lavatorio.
Este tipo ¿Emanuel? También es un grasa, pero que bien coge.
II
- Bueno, flaquita, si te gusta más decirme Mateo está todo bien.- me dice ¿Emanuel? con voz ronca y frotándome la cara en el espejo que queda con restos de mi rouge Russian Red.
Siento sus dedos y su lengua por todos lados ¿Cuántas manos tiene este animal? ¿Cuántas lenguas? Me olvido de mi ex. Andá a la puta que te parió Mateo.
Llego al orgasmo mirando mis ojos en el espejo.
Lo que siento y veo es tan alucinante que pierdo la conciencia.
Mi cara en el espejo se sale de foco, toma forma de caleidoscopio.
El tipo ¿Emanuel? sigue atrás empujando, entrando y saliendo, metiendo dedo, lengua, jadeando, no para.
Se me aflojan las piernas, ya no veo nada, nos caemos al piso.
III
La mina se llama Miriam, y bueno, yo tengo una fijación con los nombres bíblicos. Y esta noche tengo ganas de probar algo distinto. Hay algo oscuro en ella, un aura de odio que se desliza por sus sus curvas descarnadas. Soy capaz de perderme en esas cavernas para rescatar alguna rosa negra.
El contacto visual da positivo. Me la llevo al primer hotel de mala muerte que encuentro.
No se porqué me llama Mateo, debe tener la misma fijación que yo.
Pero que bien responde.
El espejo se mancha formando una rosa roja. ¿Será ella?
Le levanto el pelo para inspeccionar su nuca desnuda y descubro el tatuaje, pequeño, discreto, contundente. Es igual al mío, una réplica de aquella acuarela de Dalí.
Se me aflojan las piernas y nos caemos al piso.
IV
- ¿De donde me dijiste que sos?- dice ella aceptando el cigarrillo que él le ofrece.
- No te dije. De Mataderos. ¿Y vos?
- Barrio Norte.
- ¿Te puedo hacer una pregunta indiscreta?- dice él
- Ya sé. Me vas a preguntar quien es Mateo.
- No. No es eso. ¿Dónde te hiciste el tatuaje?
- ¿Por?
- Mirá- dice él levantándose el pelo y mostrando su nuca.
- ¡No te puedo creer! Es igual al mío.
- ¿Qué tenés que hacer mañana? Dice él con voz cachonda.
- No sé mañana. Pero ahora tengo ganas de quedarme con vos.
- Encantado, me llamo Emanuel.
*


Los redondos. Este infierno está encantador.

2 comentarios:

  1. eeeeeeeeeesaaaaaaaaa!!!! me encantóooo!!
    genial lils!!!! maestra en estos relatos espejados.... bravo!!!

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  2. Me gusta la simultaneidad de los octavos espejados! jaja!
    Skål

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