14 sept. 2011

La dueña



Me serví el primer café dispuesta a abrir toda la correspondencia acumulada sobre el escritorio desde el viernes pasado.
El fin de semana había empezado con una punzada en medio del pecho que a esta altura ya era como la pisada de un elefante.
Servicios. La cuota del seguro del auto. Más servicios. El seguro contra incendios, robo y hurto. Expensas. La cuota de la seguridad privada de la manzana. Resumen de la tarjeta. La cuota de la alarma monitoreada. Ayer mataron a un compañero de Santi en un asalto. 23 años. No puedo más.
¿Qué proporción de mis ingresos se va en sentirme a salvo?
¿Estoy realmente a salvo?
¿Alguien puede estar a salvo?
¿A salvo de qué?
El pié de elefante pesa cada vez más. Tengo que salir a tomar aire. La terraza parece la única opción, pero el smog no afloja.
Una vez escuché a alguien hablar de un lugar donde se pueden dejar las bicis sin candado en la vereda. Donde se duerme la siesta con la ventana y la puerta abierta.
Tal vez sería hora de ir cerrando todo, soltando todo, dejando de ser la dueña de tantas cosas que se llevan todo el aire en el esfuerzo por protegerlas. Poseerlas.
Es raro ver a un águila en esta ciudad. Es raro ver a un ser del aire en la tierra.
Sin embargo se acerca y se posa en mi puño, señalándome un punto más allá del horizonte de los edificios grises.
Me susurra cosas raras que sin embargo suenan coherentes.
Me dice que yo también soy como ella, un ser del aire. Y que no podemos sobrevivir en la tierra.
Entonces comprendo. Soy la dueña. La única dueña de mí vida, y puedo hacer lo que quiera con ella.
¿Volar, por ejemplo?.

1 comentario:

  1. NADIE se imagina lo bien me vendría un buen vuelo que me saque del planeta por unos días…. y si un águila me guía, sería perfectísimo!!!!!
    (sincronizamos lils…)
    abrazo!!!!

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