1 abr. 2012

Dark Paradise



Lilith se mira el perfil en el espejo empañado del baño que la refleja de cuerpo entero. Toma su pelo húmedo desde las puntas y lo estruja hacia arriba para darle forma natural a sus bucles carmesí, luego los suelta. Él la observa hacer mientras se seca enérgicamente con el toallón que tiene en una de sus esquinas el logo del hotelito en la montaña que eligió para que pasaran juntos el fin de semana.
—Tengo un problema—dice ella sin dejar de mirar su silueta en el espejo. Él se detiene como esperando  una noticia incómoda.
—No, no es eso, no te preocupes—dice la joven mirándolo a través del espejo. Él se acerca por detrás.
—Es un conflicto interno—continúa ella—, no me siento bien siguiendo tu juego.
—Yo no estoy jugando a nada—. Susurra él con los labios en su cuello. 
—Metafóricamente. Tu juego consiste convencerme de que este momento es todo lo que existe. Tú y yo, en este cuarto, haciendo el amor en una dimensión sin tiempo, nosotros dos,  nada más importa. Pero ahora, este momento, es  una percepción falsa de eternidad. Mientras estamos del lado de la luz la oscuridad no cuenta. Eso es un engaño. Allá afuera, cruzando esa puerta está esperando la oscuridad. Otra vez. Esperando para cobrarse cada momento de sol…
Él la toma por la cintura y con delicadeza la alza hasta sentarla sobre el mármol, para que los ojos de ella queden justo a la altura de sus ojos. Le acomoda un mechón con el dorso de sus dedos, rodea su cara aniñada con una mano que la contiene por completo. Ella instintivamente adelanta su cadera para pegar sexo con sexo. Él lo acepta con un gesto de supremacía masculina que no se condice con la tristeza que emana de su voz.
—Es bello y poético lo que dices, pero no es del todo verdadero. El juego es así, pero no soy yo quien hace las reglas. No soy el que pone ahí a la oscuridad, no soy el verdugo. También soy el condenado y, te aseguro que sufro tanto como tú. Si esto es alguna especie de juego, es uno en el que ambos perdemos.
Están tan cerca que ya no pueden decirse palabras. Ella se cuelga de su cuello, él la lleva hasta el borde de la cama y de allí hasta el borde del universo.

II
Lilith despierta estirando sus brazos al lado opuesto de la cama. Adán ya no está. Lo supone lejos, tragado por esa insaciable oscuridad. Siente su sexo húmedo de lágrimas en solitario, así como toda ella. Busca en su bolso las malditas píldoras que la ayudarán a no despertar otra vez en el lado oscuro. Él se fue tras su vida hecha de esposa, hijos, carrera, obligaciones. Ella no puede más. No se dejaría engañar otra vez con el juego de la eternidad ficticia. No soporta ser abandonada otra vez. Las píldoras no son más que gentiles pasaportes hacia una verdadera realidad sin tiempo. Sin dolor detrás de las puertas. Semidormida camina hacia la bañera, la llena de agua tibia y perfumada. Adiós Adán, tal vez nos veremos del otro lado. Es una dulce despedida, sin dolor.

III
Adán sube los escalones de dos en dos, ansioso por ver la felicidad de Lilith cuando le cuente las novedades. Avanza con un ramo de rosas rojas en su mano izquierda y las marcas de una noche en vela debajo de los ojos. No pudo dormir. La perspectiva de cruzar esa puerta dejando atrás lo que más ama en el universo le resulta ya insoportable. Lilith tiene razón, él puede elegir. Él puede cambiar las reglas del juego, de nadie más depende, puede romper con su esposa, posponer su carrera, enfrentar al mundo como un niño recién nacido, dejar todo, incluso sus posesiones, nada vale tanto como su amada Lilith. Nada de lo que deje atrás supera la felicidad de pasar una noche a su lado, tomando entre sus manos la cara pequeña y sonriente.

IV
Lilith está hundida en el agua y sus cabellos flotan en una danza que enmarca su rostro, más pálido y bello que nunca. Adán trata de revivirla a sabiendas de que es inútil, mientras en un quinto plano, alejado de toda lógica, un conserje llama al 911.
Es el mismo conserje quien le pone una mano en el hombro, murmurando que la deje, que es inútil, que ella se ha ido.
Y Adán comprende como son las cosas, como fueron siempre. Ella eligió de que lado estar. Y él no tuvo ni tendrá coraje para seguirla. Esperará hasta que algún otro decida por él, atrapado en el lado oscuro.



Everytime I close my eyes
It's like a dark paradise
No one compares to you
I'm scared that you won't be waiting on the other side
Everytime I close my eyes
It's like a dark paradise
No one compares to you
I'm scared that you won't be waiting on the other side



4 comentarios:

  1. triste. hermoso. real.
    me gustan tus climas...

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  2. Gracias Cla. jugué con el español neutro para darle un marco más universal y atemporal. No se si lo logré.

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  3. Muy, muy bueno.
    Imposible no transportarse a todo lo vivido por los prtagonistas a partir de las hermosas descripciones que realizás en toda la trama.
    Angustiante.
    ¡Felicitaciones!

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