17 sept. 2012

24 HORAS



Cronos sabía que de todos modos iba a morir. Veinticuatro horas antes había
celebrado comiendo y bebiendo hasta que su estómago no pudiera resistir más y la
agonía del vómito le entregara su último pasaje.
Después solo vio su rostro reflejado en el espejo, buscó su uniforme de guerra y se
marchó.
No quería ir, eso pensó,  pero todos iban hacia el mismo lugar, amontonados como
bestias en busca de más sangre. Insaciable apetito. También él.
Ningún lugar era seguro Cronos solo deseaba correr. De vez en cuando, por culpa de
sus humanas fuerzas se detenía y solo en esos momentos se preguntaba hacia dónde se
dirigían todos. Sabía irremediablemente que hacia ningún lugar, que la humillación
de la huída no tenía nombre, pero acaso eran los gritos desesperados los que sonaban
o aquellas imágenes de esqueletos  putrefactos que corrían en la niebla  o el cuerpo a
cuerpo en las ruinas de las casas o tal vez lo que aún se mantenía en pie sin sus
miembros enteros, solo en pie.
Los sabios lloraban el derrumbe de la cultura, los templos temblaban y las religiones
 morían devastadas. Cronos corría  a veces sin mirar y otras tragándose con prisa el
olor pestilente de la muerte.
No quiso refugiarse en ningún lado ¿ Para qué? pensó, si hasta ahora ninguna bala,
ningún gas envenenado, ningún misil especialmente dirigido a su cabeza lo había
 tocado.
Caminó, corrió, caminó, se detuvo, corrió. Y solo así comenzó a sentir las piernas
pesadas, la falta de aliento, la sequedad en la boca, la fiebre y el dolor de ser
sobreviviente.
Para su sorpresa el niño que jugaba le sonrió como si un oasis despertara aquel
Espasmo.
-¿Qué haces acá? ¿Dónde está tu mamá? -Le preguntó Cronos a ese ser  que jugaba
con una ramita seca y un tambor.
-Estoy tocando mi tambor, soy un soldado y a mi mamá le picó un mosquito rojo …
 Me dijo que iba a ver al doctor y pronto me venía a buscar. Mi mamá no miente -le
dijo antes que una bala atravesara su diminuta cabeza.
“Debía ser su madre que había vuelto a buscarlo” pensó y siguió corriendo. Cronos ya
no quería recordar y siguió corriendo.
-Maté a mi mejor amigo, -le dijo el hombre.
-¿ Por qué lloras? -Lo miró Cronos antes de recordar quién era.
Se detuvo apenas para sostener la mano de aquel testigo sin piernas que se inyectaba
morfina.
_Ya no duele tanto, -le dijo antes de callar para siempre.
Todos pasaron, los que tenía que pasar y Cronos  seguía corriendo como si sus botas
 pudieran atravesar al tiempo.
Ya no quedaban horas, ni para él ni para el mundo. El no lo sabía pero era el último
ser humano que corría en la tierra. Sin embargo,  divisó esa casa a pocos metros y
miles de kilómetros para su cuerpo, había luz y había sombras y había música. Se
arrastró entre cadáveres calientes aún y corriendo, corriendo una vez más.
Se desplomó sin prisa en el umbral.
-Somos los últimos,  -le dijo ella saboreando sus heridas.
-Es otra historia, es otro autor, es otra vida -Alcanzó a balbucear  Cronos en su
Delirio.
-Lo se, pero en aquella historia no sabíamos que íbamos a morir, en aquella vida
había tiempo para seguir corriendo. En ésta, solo existe este instante.
Y la música se escapó de sus murallas. Sonó  mientras acercaba sus manos
 pequeñas a las teclas de aquel piano que nunca había sido abierto.
-Ya no hay más tiempo, hay que morir así, en esta prosa…-Susurró ella y
  lo mató.

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