13 jul. 2010

Pequeño cuento Zen

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-Tengo que encontrar mi propio estilo- murmuró la mujer mordisqueando un lápiz peregrino.
- La expectativa suele ser madre de algunos fracasos- le contestó el anciano como al pasar.
- ¿Qué me quiere decir, maestro?
- Que quien nada espera por nada se decepciona.
El maestro juntó las manos bajo el mentón, inclinó la cabeza y caminó hacia el interior del templo con su sonrisa Zen.
La mujer, en cambio, pasó años siguiendo a su lápiz por jardines desvelados.
Hasta que una milésima de segundo de silencio entre dos pensamientos le dio la respuesta sobre la naturaleza de la creatividad y otras cuestiones no menos importantes.
Y no paró de escribir hasta terminar su pequeño cuento.
*

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