19 feb. 2011

He visto al rey y no he reconocido la corona








Que boluda que soy.

-No tengo una puta idea de como vamos a hacer.- me dijo Sergio. ¿Dónde vamos a conseguir esa versión a esta hora?

- No tengo la menor idea. Ya pasamos por todas las disquerías y nada. Achaval nos va a poner un tremendo NP- le respondí.

Con Sergio formábamos un buen equipo, además de vivir cerca teníamos maneras de pensar muy parecida. Desde la primera clase en la carrera nos habíamos sentado juntos y no teníamos la intención de separarnos.

El profesor de taller (de periodismo) nos había dado una consigna clara: caminar por avenida Corriente, identificar cada una de las señales del tango (bares, monolitos, placas) y conseguir la versión de la canción Ladrillo del año 1933. Con todos esos datos, elaborar una nota color llamada… “Retazos de tango en Buenos Aires”.

Después de varias horas de búsqueda ya teníamos la mayoría de las cosas solo nos faltaba la canción.

Serían las once de la noche y estaba fresco. Sergio me dijo de tomar un café y fuimos a un bar sobre Corrientes, ese que tiene un cartelito que dice “Chocolate con churros” en la puerta. Me senté sobre la ventana que daba a la calle y mientras tomábamos un cortado tratábamos de pensar como conseguir el bendito tema.

- Mirá quien pasa por ahí.- me dijo Sergio.

Miré y era nada más y nada menos que Jorge Dorio… la sinapsis neuronal hizo su labor y en ese momento recordé donde podíamos escuchar ese tema.

- A Fm tango tenemos que ir, Sergio-. le dije.

Pagamos el cortadito y nos fuimos al Centro Cultural General San Martín, donde funciona Fm Tango y Radio del Plata. Cuando llegamos le explicamos al chico de seguridad lo que necesitábamos. De buena voluntad (o viendo nuestras caras de desesperados) nos dejo pasar y fuimos a ver al operador. No estaba solo.

Cuando llegamos nos miró asombrado esperando vaya a saber que cosa de nosotros. Era un pibe joven y estaba acompañado de un hombre de unos cincuenta y pico. Ambos se quedaron en silencio unos segundos hasta que nosotros hablamos.

-Necesitamos escuchar el tema Ladrillo-dije y mientras yo hablaba el hombre se retiro dándole un beso en la mejilla al operador- una versión del año 33. Mucho más no puedo decirte.

- Se de que tema hablás-. me respondió- pero acá no está, tendrías que ir al archivo.

Y hacía allí marchamos con Sergio.

Las casualidades (o causalidades) existen, pensé, al ver al hombre otra vez, algo en su cara me resultaba familiar. Campera de jean azul, un pañuelo en el cuello, una gorra o boina negra (o algo así) en la cabeza, que por lo que parecía era calva.

- ¿Me están persiguiendo?- nos preguntó.

- No- dijimos y nos sonreímos.

- Venimos por el tango Ladrillo, una versión del año 1933, ¿será que podemos escucharla? -preguntó Sergio.

De muy buena voluntad el encargado del archivo nos buscó e hizo escuchar la versión, tomamos apuntes sobre el tema, escuchamos lo que él y el otro hombre nos contaron y empezamos a irnos.

- No molestamos más- dije.- gracias.

- No gracias a ustedes-. nos respondió el hombre con una voz que también me resultaba familiar.

Cuando estábamos bajando el ascensor Sergio, me agarró del brazo fuerte, me miró y ahí caí en la cuenta de con quien habíamos estado.

Su majestad frente a mis ojos y no me di cuenta… ¿será por eso que se habrá quedado ahí?

Volvimos en auto a casa, repitiéndonos sin cesar está historia, más digna de publicar que las vicisitudes del tango en Buenos Aires.

Esa noche dedique una cerveza y una seca en su honor…

“Te ves en el pequeño espejo del mundo de hoy

y no querés que la lima del tiempo lo muerda otra vez”

Que boluda soy…

redondos

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