25 ago. 2011

ENCANTOS FURTIVOS

 

Nunca fue un buen tirador.

Aunque alardeaba.

En su pared brillaba una ballesta con mira telescópica que, a pesar de disfrazar su orgullo con cierta clase de humor, lo delataba.

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Siempre fue gran jugador, cosa que, aunque quería, no lograba disimular. Lo hacía con la gente, con su sexo, con lo ilegal…

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Le gustaba salir de paseo, lejos de su hábitat. Por ahí, por allá, se sentía más libre de ser como era: desvergonzado y cruel.

Cierta pericia en el trato hacía que un séquito obnubilado lo siguiese casi en forma incondicional… (difícil para muchos resistirse a sus encantos…)

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Por momentos (de aquellos) hilaba tan fino hasta casi volverse un holograma, una vibración. Otros, solía desaparecer, con o sin aviso. Lo mismo daba. En esos casos sobrevolaba las profundidades en estado de éxtasis, sin percatarse del hedor de sus alas chamuscadas.

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El tiro menos pensado lo bajó. Lo bajó a lo más bajo, desatando el miedo agazapado en cada una de sus células y desgarrando su belleza hasta la deformidad.

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Fue fácil para aquel despechado dirigir la saeta hacia el abismo que los separaba. Un arponazo certero y profundo, justo en la frente…

Fue lenta la agonía del demonio sin alma, como era lo esperado.

Fue rápida su desintegración. (No quedaba gran cosa…).

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800px-Ballista-quadrirotis

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Cla9

Agosto | 2011

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2 comentarios:

  1. Me resultó extremadamente visual y vibrante. Lo visualicé como una especie de dragón con cara humana. :-)

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